PENSAMIENTO COMPLEJO (Edgar Morin)
Edgar Morin, basado en la
teoría de la información y de los sistemas, la cibernética y en los
procesos de autoorganización biológica, construye un método que intenta
estar a la altura del desafió de la complejidad. Desde este fragmento
de su obra podemos comenzar a realizar un abordaje de la Psicología
Social desde el pensamiento complejo.
PENSAMIENTO COMPLEJO
La
dificultad del pensamiento complejo es que debe afrontar lo entramado
(el juego infinito de inter-retroacciones), la solidaridad de los
fenómenos entre sí, la bruma, la incertidumbre, la contradicción. Pero
nosotros podemos elaborar algunos de los útiles conceptuales, algunos de
los principios, para esa aventura, y podemos entrever el aspecto del
nuevo paradigma de complejidad que debiera emerger. Ya he señalado, en
tres volúmenes de El Metodo, algunos de los útiles conceptuales que
podemos utilizar. Así es que, habría que sustituir al paradigma de
disyunción/reducciön/
unidimensionalización por un paradigma de distinción/conjunción que permita distinguir sin desarticular, asociar
sin identificar o reducir. Ese paradigma comportaría un principio
dialógico y tanslógico, que integraría la lógica clásica teniendo en
cuenta sus límites de facto (problemas de contradicciones) y de jure
(límites del formalismo). Llevaría en sí el principio de la Unitas
multiplex, que escapa a la unidad abstracta por lo alto (holismo) y por
lo bajo (reduccionismo).
Mi propósito aquí no es el de enumerar
los «mandamientos» del pensamiento complejo que he tratado de
desentrañar, sino el de sensibilizarse a las enormes carencias de
nuestro pensamiento, y el de comprender que un pensamiento mutilante
conduce, necesariamente, a acciones mutilantes. Mi propósito es tomar
conciencia de la patología contemporanea del pensamiento.
La
antigua patología del pensamiento daba una vida independiente a los
mitos y a los dioses que creaba. La patología moderna del espíritu está
en la hiper-simplificación que ciega a la complejidad de lo real. La
patología de la idea está en el idealismo, en donde la idea oculta a la
realidad que tiene por misión traducir, y se toma como única realidad.
La
enfermedad de la teoría está en el doctrinarismo y en el dogmatismo,
que cierran a la teoría sobre ella misma y la petrifican. La patología
de la razón es la racionalización, que encierra a lo real en un sistema
de ideas coherente, pero parcial y unilateral, y que no sabe que una
parte de lo real es irracionalizable, ni que la racionalidad tiene por
misión dialogar con lo irracionalizable.
Aún somos ciegos al
problema de la complejidad. Las disputas epistemológicas entre Popper,
Kuhn, Lakatos, Feyerabend, etc., lo pasan por alto.(1) Pero esa ceguera
es parte de nuestra barbarie. Tenemos que comprender que estamos siempre
en la era bárbara de las ideas. Estamos siempre en la prehistoria del
espíritu humano. Sólo el pensamiento complejo nos permitiría civilizar
nuestro conocimiento.
Hasta la primera mitad del siglo XX,
la mayoría de las ciencias tenían por modo de conocimiento la
especialización y la abstracción, es decir, la reducción del
conocimiento de un todo al conocimiento de las partes que lo componen
(como si la Organización de un todo no produjera cualidades nuevas con
relación a las partes consideradas aisladamente).
El concepto
clave era el determinismo, es decir, la ocultación del azar, de la
novedad, y la aplicación de la lógica mecánica de la máquina artificial a
los problemas de lo vivo y de lo social. Por supuesto que el
conocimiento debe utilizar la abstracción, pero este también debe buscar
construirse con referencia a un contexto, y, por ende, debe movilizar
lo que el conociente sabe del mundo.
La comprensión de datos
particulares sólo es pertinente en aquel que mantiene y cultiva su
inteligencia general, que moviliza sus conocimientos de conjunto en cada
caso particular; Marcel Mauss decía: "Hay que recomponer el todo".
Cierto, es imposible conocer todo acerca del mundo, así como también
aprehender sus multiformes transformaciones. Pero, aunque sea difícil,
el conocimiento de los problemas claves del mundo debe intentarse, so
pena de imbecilidad cognitiva. Y esto es cada vez más urgente, puesto
que el contexto, en nuestra época, de todo conocimiento político,
económico, antropológico y ecológico es el mundo mismo.
La era
planetaria necesita situar todo en el contexto planetario. El
conocimiento del mundo en tanto que mundo deviene, entonces, una
necesidad intelectual y vital al mismo tiempo. Es un problema que se
plantea a todos los ciudadanos: cómo adquirir el acceso a las
informaciones sobre el mundo y cómo adquirir la posibilidad de
articularlas y de organizarlas. Ahora, para articularlas y para
organizarlas, se necesita una reforma de pensamiento.
Por una
parte, hay que complementar el pensamiento que separa con un pensamiento
que reúna. En este sentido, complexus significa "lo que está tejido en
conjunto".
El pensamiento complejo es un pensamiento que busca, al
mismo tiempo, distinguir -pero sin desunir- y religar. Por otra parte,
debemos considerar la incertidumbre. El dogma de un determinismo
universal se ha derrumbado. El universo no está sometido a la soberanía
absoluta del orden, sino que es el juego y lo que está en juego de una
dialógica (relación antagonista, competidora y complementaria al mismo
tiempo) entre el orden, el desorden y la organización.
De esta
manera, el propósito de la complejidad es, por una parte, religar
(contextualizar y globalizar), y, por otra, recoger el guante que nos
arroja la incertidumbre. ¿Cómo?
Las tres teorías
Una primera
vía de acceso es aquella que nos ofrecen las tres teorías -las de la
información, la cibernética y los sistemas-. Estas tres teorías, primas e
inseparables, aparecieron a comienzos de los años cuarenta y se han
interfecundado ampliamente.
A) La teoría de la información
Es
una herramienta que permite tratar la incertidumbre, la sorpresa, lo
inesperado. La información que índica, por ejemplo, el vencedor de una
batalla, resuelve una incertidumbre; aquella que anuncia la muerte
súbita de un tirano aporta lo inesperado y, al mismo tiempo, la novedad.
Este
concepto de información permite entrar en un universo donde hay, al
mismo tiempo, orden (la redundancia) y desorden (el ruido) y extraer de
ahí algo nuevo. Es decir, la información misma que deviene, entonces,
organizadora (programadora) de una máquina cibernética.
B) La cibernética
Es
una teoría de las máquinas autónomas. La idea de retroacción, que
introduce Norbert Weiner, rompe con el principio de causalidad lineal al
introducir el principio de "bucle" causal. La causa actúa sobre el
efecto, como en un sistema de calefacción en el cual el termostato
regula el funcionamiento de la caldera. Este mecanismo llamado de
regulación es el que permite la autonomía de un sistema, en este caso la
autonomía térmica de un apartamento con relación al frío exterior. El
"bucle" de retroacción (llamado feed-back) desempeña el papel de un
mecanismo amplificador, por ejemplo, en una situación de exacerbación de
los extremos en un conflicto armado. La violencia de un protagonista
conlleva una reacción violenta, la cual, a su vez, conlleva una reacción
aún más violenta. Tales retroacciones, inflacionistas o
estabilizadoras, son innumerables en los fenómenos económicos, sociales,
políticos o psicológicos.
C) La teoría de los sistemas
Sienta
las bases de un pensamiento de la organización. La primera lección
sistémica es que "el todo es más que la suma de las partes". Esto
significa que existen cualidades emergentes, es decir; que nacen de la
organización de un todo y que pueden retroactuar sobre las partes. Es
así como el agua, por ejemplo, tiene cualidades emergentes con relación
al hidrógeno y al oxígeno que la constituyen. Por otra parte, el todo es
igualmente menos que la suma de las partes, puesto que las partes
pueden tener cualidades que son inhibidas por la organización del
conjunto.
La autoorganización
A estas tres teorías hay que
agregar los desarrollos conceptuales aportados por la idea de la
autoorganización. Aquí, cuatro nombres deben ser mencionados: los de Von
Neumann, Von Foerster, Atian y Prigogine.
En su teoría de los
autómatas autoorganizadores, Von Neumann se plantea el problema de la
diferencia entre las máquinas artificiales y las "máquinas vivas". Él ha
señalado esta paradoja: los elementos de las máquinas artificiales
están muy bien fabricados, muy perfeccionados, pero se degradan desde el
momento en que la máquina comienza a funcionar. Por el contrario, las
máquinas vivas están compuestas por elementos muy poco fiables, como las
proteínas que se degradan sin cesar, pero estas máquinas poseen la
extraña propiedad de desarrollarse, reproducirse, autorregenerarse
reemplazando justamente las moléculas deterioradas por otras nuevas y
las células muertas por células nuevas.
La máquina artificial no
puede repararse a sí misma, mientras que la máquina viva se regenera
permanentemente a partir de la muerte de sus células según la fórmula de
Heráclito: "Vivir de muerte, morir de vida".
El aporte de Von
Foerster reside en su descubrimiento del principio del orden por el
ruido (order from noise). De esta manera, cubos imantados en dos de sus
caras van a organizar un conjunto coherente por reunión espontánea a
partir de un principio de orden (la imantación). Se asiste de esta
manera a la creación de un orden a partir del desorden.
Atlan
concibe la teoría del azar organizador. Se encuentra una dialógica
orden/desorden/organización en el nacimiento del universo a partir de
una agitación calórica (desorden) donde, bajo ciertas condiciones
(encuentros de azar), ciertos principios de orden van a permitir la
constitución de núcleos, de átomos, de galaxias y de estrellas. Más
todavía, encontramos esta dialógica en el momento de la emergencia de la
vida por encuentros entre macromoléculas en el seno de una especie de
bucle autoproductor que terminará por convenirse en autoorganización
viva. Bajo las formas más diversas, la dialógica entre el orden, el
desorden y la organización, a través de innumerables interretroacciones,
está constantemente en acción en los mundos físico, biológico y humano.
Prigogine
ha introducido, de otra manera, la idea de organización a partir del
desorden. En el ejemplo de los torbellinos de Benard, se ve como
estructuras coherentes se constituyen y se automantienen a partir de un
cierto umbral de agitación y de este lado de otro umbral. Estas
organizaciones tienen necesidad de ser alimentadas con energía,
consumir, disipar energía para mantenerse. En el caso del ser vivo, este
es bastante autónomo para extraer energía de su propio medio, incluso
de extraer informaciones y de integrar la organización. Es lo que yo he
llamado la auto-eco-organización.
El pensamiento de la
complejidad se presenta, entonces, como un edificio de varios pisos. La
base está formada a partir de las tres teorías (información, cibernética
y sistemas) y contiene las herramientas necesarias para una teoría de
la organización.
En seguida, viene un segundo piso con las ideas de
Von Neumann, Von Foerster, Atlan y Prigogine sobre la autoorganización. A
este edificio, yo he querido aportar elementos suplementarios.
Particularmente, tres principios que son: el dialógico, el de recursión y
el hologramático.
Los tres principios
1. El principio dialógico
Une
dos principios o nociones antagonistas que, aparentemente, debieran
rechazarse entre si, pero que son indisociables para comprender una
misma realidad. El fisico Niels Bohr ha reconocido la necesidad de
pensar las partículas físicas como corpúsculos y como ondas al mismo
tiempo. Pascal había dicho: "Lo contrario de una verdad no es el error,
sino una verdad contraria". Bohr lo traduce a su manera: "Lo contrario
de una verdad trivial es un error estúpido, pero lo contrario de una
verdad profunda es siempre otra verdad profunda".
El problema es
unir nociones antagonistas para pensar los procesos organizadores y
creadores en el mundo complejo de la vida y de la historia humana.
2. El principio de recursión
El
principio de recursión organizacional va más allá del principio de la
retroacción feed-back); él supera la noción de regulación por aquella de
autoproducción y de autoorganización. Es un bucle generador en el cual
los productos y los efectos son ellos mismos productores y causadores de
lo que los produce. Así, nosotros individuos, somos los productos de un
sistema de reproducción salido del fondo de los tiempos, pero este
sistema sólo puede reproducirse bajo la condición de que nosotros mismos
devengamos productores, apareándonos. Los individuos humanos producen
la sociedad en y por sus interacciones, pero la sociedad, en tanto que
todo emergente, produce la humanidad de estos individuos aportándoles el
lenguaje y la cultura.
3. El principio hologramático
Pone en
evidencia esa aparente paradoja de ciertos sistemas en los cuales no
solamente la parte está en el todo, sino en que el todo está en la
parte: la totalidad del patrimonio genético está presente en cada célula
individual. De la misma manera, el individuo es una parte de la
sociedad, pero la sociedad esta presente en cada individuo en tanto que
todo, a través del lenguaje, la cultura, las normas.
Conclusión
El
pensamiento de la complejidad, como se ve, no es en ningún caso un
pensamiento que rechace la certeza en beneficio de la incertidumbre, que
rechace la separación en beneficio de la inseparabilidad, que rechace
la lógica para autorizar todas las trasgresiones.
El
procedimiento consiste, por el contrario, en una ida y vuelta incesante
entre certezas e incertidumbres, entre lo elemental y lo global, entre
lo separable y lo inseparable. No se trata de abandonar los principios
de la ciencia clásica -orden, separabilidad y lógica-, sino de
integrarlos en un esquema que es, al mismo tiempo, más amplio y más
rico. No se trata de oponer un holismo global y vacío a un reduccionismo
sistemático; se trata de incorporar lo concreto de las partes a la
totalidad.
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