Todos ellos son representantes de distintos grupos etarios que conforman las empresas. Cómo potenciar sus cualidades y amalgamar intereses tan disímiles.
Liderar grupos humanos en las empresas siempre representó un desafío. Sin embargo, el escenario actual ha dejado sin recetas a la mayoría. Los abismos culturales entre los diferentes grupos etarios representan una diversidad de intereses y motivaciones difíciles de uniformar en el ámbito corporativo.
Si pudiésemos hacer una rápida generalización de las empresas ubicadas en grandes centros urbanos seguramente encontraríamos una conflictividad generacional que demanda de gran habilidad para su efectiva gestión.
En la actualidad, a la gestión se suma la palabra diversidad, que remite al desbalance, entre las perspectivas, las expectativas, el conocimiento y la aplicabilidad del mismo por los distintos grupos etarios frente a problemáticas operativas comunes.
Al recorrer esos grupos y sus características, se pueden observar sus diferencias. Los Baby Boomers, los mayores de 50 años de edad, están acostumbrados a trabajar en entornos jerárquicos y competitivos, hacen del trabajo bajo presión un estilo inconfundible de gestión. El rol laboral que poseen es parte de su identidad por lo cual es muy apreciado y defendido. Para ellos, el trabajo está por sobre la vida personal.
En tanto, los integrantes de la Generación X, aquellos que poseen entre 35 y 45 años de edad, se debaten cotidianamente por equilibrar vida laboral y vida personal. Educados con los paradigmas de sus mayores pero convencidos de que hay vida más allá del trabajo, buscan desarrollarse profesionalmente atendiendo las demandas de jefes y familiares. Seguramente no les es fácil.
Finalmente, los Millenium o Generación Y, quienes se parecen a los Baby Boomers, tienen las cosas muy claras, pero 180 grados diferente a éstos. Para ellos, el trabajo es un medio para lograr sus fines. Su lema podría ser:” Primero el placer y luego el deber”.
Para los Millenium, lo más importante es su desarrollo personal en ambientes laborales divertidos, casi tan lúdicos como su manera de educarse. Mutantes tecnológicos y cognitivos, valoran su tiempo libre y no les gusta trabajar bajo presión.
Si el liderazgo es entre otras habilidades comunicar, motivar, influir, enseñar, desarrollar, ¿alguien podría suponer que frente a estos grupos generacionales habría un mismo y único estilo de supervisión efectivo? La respuesta es: “Definitivamente no!”.
Cómo liderarlos
Por ello, al visualizar las diferencias entre estos grupos, surgen las cuestiones que hay que tener en cuenta para liderarlos.
En el caso de los Baby Boomers, es importante valorar su conocimiento y experiencia. Su metodicidad y disciplina laboral no sólo generan confianza en que sabrán ocuparse de la tarea , sino que a la vez, pueden ser un modelo a imitar por los más jóvenes. En general son buenos en roles de mentoring y coaching.
Si en cambio pensamos en cómo liderar a los representantes de la Generación X, es preciso ofrecerles posibilidades de crecimiento profesional que no necesariamente signifiquen crecimientos jerárquicos o económicos. Si los hay, mucho mejor. El desafío de hacer crecer un proyecto y transformarlo en una realidad suele ser mucho más motivador que un gran salario. Es importante comprender sus necesidades familiares y generar espacios racionales para integrar su vida personal con la laboral.
Valorar su habilidad tecnológica y su capacidad creativa es una buena aproximación para el liderazgo de los integrantes de la Generación Y o Millenium. Es probable que sus aportes no siempre sean adecuados – en tiempo y forma - al proyecto que demanda la empresa, pero considerar sus ideas, será apreciado por ellos. La comunicación permanente, el diálogo franco y la coherencia entre el decir y el hacer generan mucha adhesión para este grupo en particular. Sus jefes más valorados son aquellos que los conducen sin que ellos lo noten.
En este contexto, lLiderar la diversidad significa confrontar desbalances e integrar diferencias provocando un acercamiento entre puntos de vista disímiles. A los líderes, esto les permitirá ser más tolerantes, más flexibles y seguramente más eficaces ya que cada generación tiene fortalezas para aportar y saber aprovecharlas, representa una ventaja competitiva.
Quienes dirigen empresas o forman dirigentes tienen mucho que reflexionar frente a esta nueva realidad. Son tiempos de cambios.
Susana Larese, directora de Stanton Chase
Especial para iProfesional.com
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