La negación es una de las defensas que puede utilizar el ser humano para evitar la angustia. Es un mecanismo de huida de la realidad que aparece ante determinados hechos, situaciones o sentimientos que se vuelven intolerables. Cuando se niega parte de la realidad es porque produce, por diferentes motivos, un daño en el amor propio.
La negación puede ser situacional y momentánea, o relativamente estable y permanente. La aceptación de la realidad es un proceso gradual que comienza en la infancia. El juego y la fantasía son los espacios privilegiados del niño para construir la realidad, entre la aceptación y la negación. A diferencia del mundo real, allí todo es posible y, en un momento, puede convertirse en el príncipe valiente.
A medida que el sujeto crece y se hace adulto, la tolerancia a las frustraciones que la realidad le impone aumenta y, con ello, la aceptación de que las cosas no son como le gustaría. Ya no existe el juego de la infancia para cambiar la realidad, pero en los sueños nocturnos, y en los que tiene cuando está despierto, puede transformarla a la medida de sus deseos.